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miércoles, 17 de agosto de 2016

Sobre la patentabilidad de los genes (2)


Como ya se ha comentado en una entrada anterior (http://todolosderechosreservados.blogspot.com.es/2015/12/la-moral-la-etica-y-la-patente_2.html) la legislación de patentes no permite la protección de los descubrimientos,por carecer éstos de actividad inventiva, es decir, de ese impulso que otorga a un producto o a un procedimiento un toque ingenioso que supone un avance científico que mejore el conocimiento de la comunidad en general.
Como ejemplo más básico: el descubrimiento de una parte del cuerpo humano, como es el caso de un gen.

La patentabilidad en estos casos no es posible no sólo por el hecho de considerarse descubrimientos como tales sino por la razón de que se trata de elementos tan fundamentales para el ser humano que la concesión de un monopolio al titular de la patente para su explotación en régimen de exclusiva podría ser perjudicial para el ser humano.

Esto ocurrió con el descubrimiento de las proteínas BRCA-1 y BRCA-2, que determinan la susceptibilidad de que una persona pueda padecer cáncer de mama.
Tal descubrimiento se realizó por la empresa Myriad Genetics que desarrolló un test a través del cual se determinaba si una la persona poseía tales proteínas en su ADN y, por tanto, cual podía ser la probabilidad de que desarrollasen o no cáncer de mama.

El hecho de disponer de una patente (basada en un concepto erróneo) sobre estas proteínas hacía imposible que los pacientes pudieran obtener una segunda opinión médica que confirmase su diagnóstico.
El resultado fue, en ocasiones, descorazonador al darse casos de pacientes que habían obtenido resultados negativos en sus tests pero que, por tratarse de resultados erróneos que no podían ser comprobados daban lugar a diagnósticos tardíos en estados en los que la enfermedad resultaba incurable.

Tras un arduo proceso de litigación, tal y como explica detalladamente en su conferencia TED (https://www.ted.com/talks/tania_simoncelli_should_you_be_able_to_patent_a_human_gene?language=es), Tania Simoncelli, consiguió demostrar que la patente de la que era titular Myriad Genetics no se había concedido de forma correcta, pudiendo, de este modo, poner fin al monopolio y liberar la investigación sobre esas proteínas, haciendo más fácil y accesible la realización de pruebas más efectivas para determinar la posible existencia de la enfermedad.