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miércoles, 10 de agosto de 2016

El derecho moral del inventor más allá de la Ley


Como ya sabemos, más allá del monopolio que el titular de una patente ostenta sobre sobre la invención que es objeto de la misma, que se traduce en un monopolio legal de explotación exclusiva y excluyente de terceros que sirve para garantizar la recuperación de las inversiones inicialmente realizadas; existe un componente moral, ético, en virtud del cual se reconoce la labor de investigación que el titular ha debido desarrollar para dar forma a su idea (artículo 14 Ley de Patentes).

Pero, en ocasiones, la invención va a suponer un avance de tal magnitud que el reconocimiento deberá ser mayor, hasta el punto de considerarse un hito en la historia de la humanidad. Y, para ello, deberá quedar claro quién o quiénes deben considerarse autores de la invención.

Es el caso de la llamada edición genética, que ya se considera el siguiente paso en la historia de la evolución genética y a la que se le han atribuido ya diversos creadores.

Por un lado, nos encontramos con la historia de Jennifer Doudna, una bioquímica de 52 años que dedicó su vida al estudio del ARN (a diferencia de centrarse en el ADN, como hacían todos sus colegas) en la Universidad de Berkeley en California.
En medio de todas las dudas de si estaba haciendo lo correcto o no, en 2011 Emmanuelle Charpentier se acercó a ella en una conferencia que tuvo lugar en 2011 para hablar del fenómeno CRISPR (un sistema antiviral presente en las bacterias a través del cual se podían identificar virus y activar determinadas proteínas y eliminar el ADN afectado por el virus), pudiendo, de este modo, curar enfermedades, modificar el código genétivo e incluso modificar la especie humana.
Tras unir fuerzas publicaron un artículo explicando detalladamente el uso de esa técnica con la proteína Cas9, lo cual aceleraba el proceso de le edición genética hasta acelerarlo de un modo tal que podía utilizarse como la función corta-pega que todos conocemos pero en la hélice del ADN de modo que se podían eliminar aquéllas partes afectadas por una enfermedad y reemplazarlas por fragmentos sanos.

Por otra parte estña la historia de Feng Zhang, biólogo molecular de 34 años del “Broad Institute MIT y Harvard” dedicado al estudio de la reprogramación de las células humanas.
También en 2011 conoció la técnica CRISPR y, tras leer todo lo que pudo sobre el tema, se centró en un estudio sobre la proteína Cas9, escrito por un biólogo canadiense en 2010. Zhang publicó su estudio unos meses más tarde que Doudna y Charpentier, pero mostrando cómo había conseguido editar un gen en una célula eucariótida (una célula con núcleo) lo que le ponía por delante de sus “competidores” por dar un paso más adelante.

Por un tiempo, las relaciones entre ambos investigadores se mantuvieron cordiales hasta que llegó la concesión de la primera patente a Zhang por esta tecnología. Las relaciones entre ambos se enfriaron hasta el punto de competir a través de empresas diferentes consiguiendo entre ambas un total de un billón de inversión pública para desarrollar ese mismo sistema.

Lo que podría considerarse el avance más importante de nuestra era se vería, de este modo, empañado por una lucha de poder fundamentalmente económica además de estar empañada por los miedos de que esta nueva tecnología se utilice con fines aviesos.

Sin embargo, más allá de los litigios que puedan darse basados en la concesión de la patente, nos encontraríamos ante el asunto del reconocimiento de la investigación que se ha realizado.

La concesión de un premio Nobel se realiza, típicamente, a un máximo de tres personas y, si bien en este artículo se ha hablado principalmente de Doudna, Charpentier y Zhang, los desarrolladores de esta tecnología son muchos más lo que hace que se icremente la competencia de un modo exponencial.

Este reconocimiento supondría el mayor de todos para cualquier científico, pero esto no deja de ser algo adicional ya que lo que busca todo científico es que aquello que ha desarrollado y en lo que ha empleado gran parte de su vida, sea empleado y llegar al público de forma generalizada y sin limitaciones.