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miércoles, 25 de mayo de 2016

El nombre de los elementos


A principios de este año se añadían cuatro elementos nuevos a la tabla periódica inicialmente elaborada por el químico ruso Dmitri Mendeleev: los números 113, 115, 117 y 118, los cuales no se encuentran en la naturaleza y que, aunque están pendientes de ser denominados de forma oficial, han supuesto la primera adición desde 2011 sirviendo  para completar la séptima fila en esta clasificación.

Si bien es cierto que, en lo que a propiedad intelectual se refiere no puede decirse que tales hallazgos, por tratarse de descubrimientos como tal, entrarían dentro del ámbito de las patentes (ni de ninguna otra de las formas que esta rama del derecho engloba) a modo de curiosidad de este ámbito de la técnica, sin embargo, es de destacar el procedimiento y los estándares que se utilizan para dar nombre a los elementos.

Para ello, la IUPAC, International Union of Pure and Applied Chemistry (Unión internacional de química pura y aplicada), cuerpo formado por científicos rusos y americanos acordó el descubrimiento de tales elementos el pasado 30 de diciembre de 2015. 

Una vez reconocido el descubrimiento, el siguiente paso conlleva la asignación de un nombre y símbolo formales, para lo cual se acudirá a lo que se ha venido haciendo para los elementos ya incluidos en la clasificación.

Yendo a través de los elementos que se incluyen se puede observar cómo  se han utilizado típicamente los nombres de planetas, elementos mitológicos, lugares o propiedades del elemento en cuestión.

La norma más significativa de todas es, sin duda, aquélla que impide aplicar una nomenclatura que esté basada en el nombre de un científico (sea el descubridor del elemento o no) siempre que esté vivo en el momento de la denominación. Ello no será obstáculo para que la aparición de un nuevo descubrimiento sea denominado como homenaje a un científico de renombre como es el caso del curio (en honor del matrimonio Curie) o el einstenio (en honor de Albert Einstein).