UA-56715467-1

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Tecnología contra los medicamentos falsificados


A estas alturas resulta normal (aunque la ilegalidad se vea como inevitable y que no tiene solución por mucho que se luche contra ella), ver falsificaciones de productos de sectores como la moda o la tecnología que, a pesar de ser de ínfima calidad con respecto a los originales, siguen siendo por determinados consumidores para los que eso no supone ningún problema.

Sin embargo, resulta más significativo (probablemente por desconocimiento del que suscribe) saber que existen falsificaciones en el sector farmacéutico. A esto hacía referencia una noticia que aparecía ayer en la BBC y en la que se daba qué pensar al lector sobre los devastadores efectos que la distribución de medicamentos falsos (ya sea por ser inocuos o poco efectivos por la baja cantidad de principios activos que contienen), tiene sobre la población a la que son distribuidos. En la noticia se aporta, además, un dato: 120.000 muertos en África a causa de estos medicamentos falsos.

Pero el uso de la tecnología puede, tal y como se muestra en la noticia, terminar con la distribución de estos fármacos nocivos para la salud humana.
La solución no es novedosa “per se“, pues se trata de adjuntar pegatinas que los consumidores para rascar para obtener un código que se comunica a la empresa impulsora del proyecto (una entidad no lucrativa, Sproxil), para que esta devuelva si el producto es o no fiable para el consumo.

La idea (que ya fue aplicada hace diez años por otra empresa), ya ha atraído a grandes multinacionales productoras de medicamentos y está implantada en varios países del África subsahariana con la idea de expandirse a más países.

Sin embargo, siguen existiendo grandes y graces problemas en este aspecto relativos a cadenas de distribución, difícil identificación del origen de los productos y, principalmente, corrupción en los países en que se trata de erradicar el problema.

La solución parece sencilla, pero su aplicación práctica no lo es tanto. Quizá la solución al problema no se encuentra tanto en el consumidor final como en el origen de la cadena que da lugar a tan nefastas consecuencias.

Fuente: http://www.bbc.com/news/business-37470667