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martes, 23 de septiembre de 2014

Reinventarse o morir


Si hay algo patente en los tiempos que corren es que la innovación y la evolución tecnológica son un proceso continuo y pararse a reflexionar en los cambios del día a día o aferrarse a viejos modelos de negocio no benefician a las empresas ya establecidas.

El mejor ejemplo de cómo las empresas tratan de estar continuamente al frente de la innovación es, en mi opinión, el requisito cada vez más solicitado en sus procesos de selección de la figura del nativo digital también conocido como “homo sapiens digital”.

A través de la incorporación de personal con estas características, esto es, jóvenes nacidos en las décadas de los 80 y de los 90 con conocimiento a nivel experto en el uso de todo tipo de aplicaciones informáticas, cuyo mayor exponente son las redes sociales, las empresas se aseguran de estar al tanto de los más importantes movimientos no sólo de sus competidores sino también de sus consumidores, reales o potenciales, pudiendo así conocer de primera mano las nuevas tendencias y el grado en que su empresa está o no adaptada a ellas.

Matthew Wall, reportero de negocios de la BBC en el artículo que ésta publicó el pasado 4 de septiembre (http://www.bbc.com/news/business-28865268), hace referencia a la evolución que las empresas han de llevar a cabo para adaptarse al cambio continuo que se vive en el mundo empresarial.

El autor habla de cómo las compañías no han sabido adaptarse al cambio en el comportamiento de los consumidores provocado principalmente por modificaciones en el concepto en que éstas estaban basadas.
Como ejemplo, grandes empresas como Kodak, Polaroid o Blockbuster, que vieron sus pilares de negocio totalmente sacudidos debido a la introducción de la digitalización de imagen y vídeo.

Cabe preguntarse si hubiera sido posible evitar las consecuencias de este enorme cambio cuando hablamos de empresas dedicadas a la producción y distribución de aparatos que, inevitablemente, han quedado obsoletos con el paso del tiempo (es el caso de las máquinas de escribir; reducidas a meros elementos decorativos tras la aparición del ordenador).

Algunos ejemplos en el artículo de Wall muestran una respuesta afirmativa.
Lo que el autor plantea es cómo las grandes empresas tienen un menor margen de maniobra en lo que a innovación se refiere no frente a las nuevas empresas sino a aquéllas empresas cuyo principal valor añadido es el riesgo que están dispuestas a tomar en aras de la innovación.

De este modo, una “start-up”, una pequeña empresa surgida bien de una universidad, bien de una conjunción privada de activos, va a disponer de modelos de desarrollo de producto de los cuales las grandes empresas pueden beneficiarse, introduciendo un mínimo de flexibilidad en su orientación a la innovación.

La preocupación de que una determinada inversión para la innovación de alguno de sus productos vaya mal y esto pueda dañar la reputación de la compañía, así como la visión cortoplacista de los ejecutivos perjudican la evolución de la empresa, muy bien asentada en las raíces creadas y afianzadas durante tanto tiempo. 
Sin embargo, en contraposición a los casos de las empresas antes mencionadas están los ejemplos de empresas como General Electric, Barclays Bank o British Gas que han apostado bien por externalizar la innovación bien por crear “start-ups” internas.
Pero quizás el mayor ejemplo es el del gigante de internet Amazon y su concepto de los “Two pizza teams”, equipos reducidos de personas (compuestos por un número de personas que puede alimentarse por dos pizzas familiares) con la autonomía necesaria para potenciar la toma de riesgos y la innovación.
En definitiva, la evolución de la sociedad se refleja no sólo en los avances tecnológicos, sino también en la forma en que se hace frente a estos cambios. Las grandes empresas tienen mucho que aprender de las pequeñas en lo que a formas de enfrentarse a la innovación se refiere, eso sí, siempre y cuando exista algún tipo de interés en ello, pues como dice Íñigo Irízar en su blog (http://irizar.wordpress.com/2014/09/22/innovando-como-piratas/):

“A los ejecutivos de las empresas triunfadoras no les interesa cambiar nada. Están cómodos con la situación que les permite que sus empresas ganen. Estos ejecutivos son, en general, lo menos innovador que uno pueda imaginar. Si un político quiere impulsar la innovación, tiene que escapar de ese tipo de compañía, buscando auténticos emprendedores e innovadores.”